Grabación como obra de arte: Glenn Gould

La grabación como obra de arte: Glenn Gould

Desde que comenzó a escribirse la música (Edad Media) surgió la partitura como forma de transmisión de la misma. Sin embargo, y aunque sea una obviedad, la partitura no contiene la parte fundamental de la música: el sonido. Durante siglos la única forma de escuchar música ha sido en directo, acudiendo a algún concierto o a algún acto en el que se interprete música. Por eso fue revolucionario el hecho de que se pudiera grabar el sonido tal y como cuento en el post sobre “Los comienzos de la música grabada”

 

Por primera vez se podía dejar constancia de la música y de las distintas formas de interpretar.

Con respecto a la forma de grabar, los cambios tecnológicos han cambiado la percepción de las grabaciones resultantes y la actitud de los músicos hacia las mismas:

– Al principio la técnica no permitía hacer grabaciones fieles a la realidad del sonido. Entre otras cosas, no se captaba la frecuencia completa, los instrumentos y la disposición de los músicos en la orquesta se tenían que modificar para aumentar su sonoridad.

– Con la grabación eléctrica, el micrófono, la grabación multipista, el sonido estéreo…. se fue evolucionando hasta llegar al momento actual. Se puede reproducir exactamente lo que está sonando o se puede perfeccionar o reinterpretar. Es lo que se deriva de la posibilidad de editar, originándose otra dimensión en las producciones musicales.

Con la edición se podía manipular el sonido, corregir cortando y pegando las partes donde había errores, mezclar fragmentos grabados en sitios distintos, o incluso conseguir efectos hasta entonces impensables como aumentar la intensidad de algún pasaje, o de algún grupo de instrumentos. y así se llego a tener distintos puntos de vista acerca de la producción musical:

– la grabación como una fotografía sonora que daba una imagen fiel del sonido que se estaba produciendo en un determinado momento.

– la grabación como una interpretación perfecta

– la grabación como acto creativo en sí mismo.

Un ejemplo de esta última posición lo encontramos en Glenn Gould. Para él, y según el libro de T. Day  “la grabación no debía ser la reproducción de un arte creativo, algo artificial, sino un objeto creador en sí“.

En la siguiente audición de la pieza lírica para piano del ciclo Kyllikki de Sibelius, se puede observar el uso que hace Gould de los micrófonos para crear distintos efectos que acompañen o resalten el contenido de la obra musical. Usó tres micrófonos, uno situado dentro del piano, otro a la distancia habitual y otro en el fondo de la sala captando el sonido como lo haría cualquier espectador en ese punto. La pieza tiene una estructura sencilla:

– Primera parte (Commodo en modo Mayor): se combinan los dos micrófonos, comienza la pieza con el micrófono de dentro del piano y en el segundo 24´ pasa al de fuera para equilibrar el forte, pero sigue usando el resto de la sección el de dentro.

– Segunda parte (Tranquillo modo menor): aquí se produce el cambio más espectacular en el segundo 52´donde se utiliza el micrófono del fondo de la sala coincidiendo con un cambio de afecto en la música (paso a modo menor). Vuelve a usar el micrófono de dentro del piano al final de la sección segunda 1´44

– Tercera parte: repetición de la primera.

Referencia. Un siglo de música grabada. Timothy Day. Apuntes de la asignatura Musicología Aplicada I del profesor Pablo L. Rodríguez.

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