Beethoven: componer siendo sordo

Beethoven: componer siendo sordo

Beethoven nació en 1770 en Bonn. Es conocido por todos que pasó los últimos años de su vida privado del sentido del oido. Con tan solo 31 años ya confesaba a algún gran amigo que estaba comenzando a tener problemas y lo hacía por carta de esta forma: “Debes saber que mi facultad mas alta, mi oído, se ha visto grandemente deteriorada…” o “… Qué triste es lo que me tocó, debo evitar todas las cosas que me son queridas…”.

¿Cómo es posible que a pesar de su sordera pudiera componer?

La imagen que tenemos de un compositor es alguien que está trabajando habitualmente sentado en un piano y que apunta en una partitura algo que acaba de tocar. Pero esta es una imagen irreal y adecuada solo en casos excepcionales. El proceso de composición tiene lugar en el oído interno… de la misma forma que el autor de una obra de teatro no tiene que decir en voz alta su texto antes de escribirlo. Esta escucha interior es la condición previa que debe existir en una obra y que posteriormente se desarrolla. Los psicólogos musicales hablan de una black box para expresar que el proceso creativo nunca podrá explicarse por completo. La redacción escrita de una obra musical es por ello casi siempre el punto final de un trabajo cerebral. Max Reger, por ejemplo, era capaz de elaborar obras extensas de forma absolutamente mental durante un largo periodo de tiempo y después las anotaba en pocos días.

No obstante, la escucha en vivo no deja de ser la mejor forma y desde luego la más satisfactoria de percepción musical.

Después de esa escucha interior se debe instrumentar el concepto, traducirlo a forma musical o sonora. Para ello sí es muy importante la experiencia sonora del oído externo, y para ello Beethoven se basó en los recuerdos que tenía de la época en la que gozaba de buena salud auditiva.

Y a pesar de todo, es innegable que Beethoven fue uno de los genios de la música, elevó lo existente a su máximo nivel. Basándose en el Clasicismo evolucionó hacia el Romanticismo. Rompió moldes y abrió caminos por donde transitó la música del siglo XIX, y lo hizo de forma tan gradual y coherente con las reglas establecidas que, a pesar de las reticencias de sus contemporáneos y el escándalo que supuso su manera de componer, fue considerado un gran maestro incluso en vida.

Fuente:  “La música clásica: 101 preguntas fundamentales” de Annette Kreutziger-Herr y Winfried Bönig  y Los clásicos también pecan de Fernando Argenta

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